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miércoles, 22 de abril de 2015


El uso del fuego pertenece inherentemente al género Homo. Ninguna otra especie animal ha sido capaz de dominar o controlar este elemento tal y como los homínidos han conseguido a lo largo de su historia.



Este hecho fue, sin duda, de una relevancia excepcional, pues el control del fuego es uno de los logros más importantes para poder sobrevivir en entornos secos y con temperaturas frías. Aunque su utilización va mucho más allá:


            -Calor: El fuego aporta energía en forma de calor, venciendo las frías temperaturas y siendo elemento esencial en los antiguos períodos glaciares como fueron el Mindel, hace 650.000 años, el Riss hace 300.000 años o la última gran glaciación en el periodo conocido como Würm hace 90.000 años.


            -Luz: La luminosidad del fuego permite poder alargar el tiempo de realización de  actividades una vez se haya puesto el sol.


            -Seguridad: Las fieras temen el fuego. Los hogares se mantendrían por las noches en las cuevas para ahuyentar a estos animales e impedir que entraran en las mismas.


            -Salud: El procesado de la carne a través de su aplicación de calor permitió no sólo reducir el número de enfermedades e infecciones en los homínidos, sino también vivir un proceso de crecimiento craneoencefálico debido al aporte energético de la carne cocinada.


            -Trabajo de herramientas: El sílex se calentaba para mejorar sus características y poder realizar herramientas con mayor precisión. Además, hay evidencias de lanzas quemadas y afiladas para aumentar su resistencia, como las encontradas en Schöningen (Alemania) hace 400.000 años. (Thieme, 2000)


¿Hasta qué momento se remontan las primeras evidencias de uso de fuego?

África, cuna de la evolución humana y continente donde se han encontrado los más antiguos ancestros de nuestra especie, tiene las cronologías más antiguas en torno al 1’5 millones de años en el prestigioso yacimiento de Koobi Fora, y hacia 1’4 millones de años en Chesowanja. Ambos yacimientos, en Kenia, están vinculados al Homo habilis. Aquellos que realizaron estos hogares para calentarse y ahuyentar a las fieras tendrían un aspecto parecido a éste:




Reproducción de un Homo habilis. Museo Enzi, (Kenia).

Tras África, las evidencias más antiguas se reparten tanto en el continente europeo como en el continente asiático. En España contamos con altas cronologías que rondan el millón de años en el conjunto de Orce (Granada) y en Cueva Negra del Estrecho del Río Quípar (Murcia), mientras que en centroeuropa, yacimientos paradigmáticos como Bilzingsleben (Alemania)  o Verteszöllös (Hungría) están volviendo a ser estudiados porque sus contextos no son claros.
Gesher benot Ya’aquov (Israel) hace 800.000 años, Zhoukoudian (China) hace 770.000 años son dos de los yacimientos con contextos de fuego más antiguos a escala mundial y que están ofreciendo resultados realmente interesantes.

No existen demasiados indicios de fuegos continuos en cronologías tan antiguas. El ejemplo paradigmático lo constituye la Cueva deTabun (Israel), donde se ha podido documentar una recurrencia de estas estructuras hace unos 300.000 años. Este no es más que un yacimiento de otros muchos que conservan, entre el sedimento, las cenizas y restos de carbones producto del fuego. A partir del Paleolítico Medio, hace unos 100.000 años, encontrar estructuras de combustión será una práctica bastante habitual en los yacimientos con hábitats de larga o media duración, lo cual indica el dominio y control total de este elemento por parte de los hombres de la Prehistoria.


¿Los homínidos sabían producir fuego o utilizaban el que se encontraba en estado natural? ¿Fue un descubrimiento o un aprendizaje?


En primer lugar, parece claro afirmar que los homínidos controlaron el fuego antes que lo produjeron, y que éste hecho supuso un cambio en las capacidades cognitivas de los grupos humanos. La captación del fuego en estado natural tenía muchas limitaciones como la poca disponibilidad, la continua protección para que no se extinga, o la dependencia de la consecución de actividades en relación a la presencia de fuego.  Mientras que el control de la producción del mismo implicaba poder obtener energía calorífica en el momento deseado.


La mayoría de los lugares anteriormente citados presentan características que muestran que los fuegos son intencionales y no incendios naturales. Esto puede saberse por diversos motivos como es la presencia de rubefacción[1] en las piedras que componían el hogar; la temperatura que alcanzan los fuegos controlados, mucho mayor que los fuegos naturales; la presencia de concentraciones de herramientas quemadas, principalmente  en sílex soliendo presentar un aspecto quebradizo.


La producción de fuego se encuentra íntimamente relacionada con el aumento de la capacidad craneana de los homínidos. Se han documentado diversas técnicas como la percusión de dos bloques líticos de pedernal, la utilización de marcasita o pirita, la producción de fuego mediante fricción (madera) o la utilización de hongos yesqueros (Fomes fomentarius). Estos procedimientos han ido evolucionando hasta alcanzar un grado de especialidad técnica muy alto, mostrando la dificultad que entrañan estos procesos de producción, en un principio desconocidos por los homínidos, pero que fueron introduciéndose en sus vidas cotidianas por medio del aprendizaje, el conocimiento de su entorno y de sus recursos y la experiencia.


Si os gustaría saber cómo hacer fuego al modo prehistórico no os perdáis este vídeo de Eduardo Cerdá, divulgador de Atapuerca.



¿Quieres saber más?


THIEME, H. (2000) “Lower paleolithic hunting weapons from Schöningen, Germany. The Oldest Spears in the world”, Acta Anthropologica Sinica, 19, pp. 140-147.


ROEBROEKS, W. & VILLA, P. (2011) “On the earliest evidence for habitual use of fire in Europe”, Proceedings of the National Academy od Sciences, 108, 13, pp. 5209-5214.




[1] La rubefacción es un cambio de coloración que suele aparecer en diversos tipos de rocas al ver aumentada su temperatura. Suele ser sintomática de la presencia de un hogar si se encuentran cenizas o carbones asociados.  

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