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jueves, 19 de noviembre de 2015

Juan Francisco es Profesor Titular de Historia Medieval en la Universidad de Murcia. Sus líneas de investigación están orientadas al Reino de Murcia en la Baja Edad Media y Alta Edad Moderna, la repoblación del reino de Granada (en los años 1488-1600), las fronteras lingüísticas durante la Baja Edad Media en el Sureste Peninsular, la frontera castellano-nazarí, los paisajes sonoros en la Edad Media y, en estos últimos años, en las nuevas tecnologías y su reflejo en el estudio del Medievo, especialmente el uso de videojuegos. También cabe destacar su papel como director del Centro de Estudios Medievales de la Universidad de Murcia y promotor de los Simposios Internacionales de Jóvenes Medievalistas. Asistir a una clase de este profesor conlleva quedar asombrado por la gran facilidad de oratoria que posee y por la maestría con la que trata múltiples temas que pueden parecer diversos pero que están íntimamente conectados. Actualmente, además de su trabajo como profesor universitario e investigador, trabaja en el proyecto, financiado por el Gobierno, de Historia y videojuegos y el impacto de estos sobre el pasado medieval. Sin más, os dejamos con una entrevista que seguro que no os dejará indiferentes.  



- En primer lugar, ¿por qué decidiste estudiar Historia y, en concreto, centrarte en Edad Media? Es curioso porque cuando uno entra a tu despacho lo primero que puede observar es multitud de figuras relacionadas con las guerras mundiales.

Yo siempre digo que no existen medievalistas ni modernistas ni nada de eso. Existen buenos y malos historiadores. Además, la comprensión de los procesos históricos creo que debe ser global, y así entenderemos mejor a quienes escribieron la Historia antes que nosotros. Las “figuritas” son producto de mi pasión por el modelismo desde que era adolescente. Pertenezco al grupo típico y tópico del que es aficionado a la Historia desde siempre, y que a los wargames y la filatelia se unía el de hacer maquetas de todo tipo desde que cumplí diez años y me regalaron el portaaviones Kennedy para montar. Ahora presiden mi despacho un U-Boottipo VIIc y un destructor norteamericano clase Fletcher. Sí, en el despacho de un medievalista. Acabo de terminar un par de regimientos de la Guerra de Secesión norteamericana. Y como el que entra también ve una torre de un castillo medieval con un vigía coronándolo, pues tampoco doy más explicaciones. Además, los Playmovil medievales que salpican la mesa y las estanterías ayudan a despejar la duda.

Creo que con esta respuesta queda claro la razón por la que estudié Historia. Y me centré en la Edad Media porque cuando entré en la licenciatura de la por entonces Geografía e Historia, entendí que el trasfondo de todo se halla en el periodo medieval, y para el caso del reino de Murcia es clave. Además, ayudó mucho, para qué negarlo, que nací en Lorca y allí su fortaleza inspira a cualquiera. Mi hermano quería ser torero desde pequeño, y lo fue, y yo historiador. Mis padres no entendieron nunca lo raro que era yo. Ja, ja, ja… Oí aquel palabro Dios sabe dónde y a qué edad, y como tiene que haber gente “pa tó”, pues ahí estamos la familia, cada uno con sus cosas.

- ¿Opinas, como Jacques le Goff, que seguimos viviendo en la Edad Media?

Sí. ¿Ves que no he dudado? Las cesuras históricas las ponemos a nuestro acomodo, y así nació esa división que a cada historiador sirve para estar más sosegado. Insisto en los procesos largos. La eclosión de “lo medieval” en el siglo XIX vivió su manifestación más evidente en la I Guerra Mundial, donde los alemanes eran “los hunos”, y para el caso español, nadie duda que ese papel lo jugó la Guerra Civil. En un sentido más amplio, las personas seguimos siendo las mismas: tememos al sufrimiento, amamos igual, lloramos igual, nos reímos igual… pero creo que el respeto o temor, en algún caso, a lo que no conocemos es lo que nos compara realmente. Tenemos una tecnología más desarrollada y accesible a buena parte de la sociedad occidental; si acaso, este es el dato más interesante y exclusivo de nuestro tiempo.

- Vivimos en una etapa en la que la inmediatez, el marketing, la ciencia y la economía tienen un papel protagonista. Teniendo esto en cuenta, ¿qué puede aportarnos, a día de hoy, estudiar una carrera de Humanidades?, ¿tienen futuro?

A ver, a ver… Que podemos perder la perspectiva. La economía ha sido fundamental desde el momento en que cazaban dos mamuts y se comían uno. Y el jefe de la tribu hacía la resta y sabía que quedaba otro. ¿La inmediatez? Eso es algo que pertenecía solo a los padres y madres, cuando de siempre lo querían “ya mismo”, y no valía que les dijeses: “Ahora voy”, o “Ahora lo hago”. Creo que la culminación de una sociedad de consumo es ese punto “instantáneo”. Ahora, donde vivimos más tiempo, no sabemos gastarlo. Y por eso es tan importante el papel de las Humanidades, que son las que te enseñan a ver las cosas con perspectiva, y a contemplar el tiempo de los demás igual de importante que el tuyo. Y la Ciencia es lo que hace que ganemos tiempo y dignidad como personas, a no ser que se haga mal uso de las herramientas, que siempre pasará, y para eso también es útil la formación humanística. El problema no es que te vayas a dormir tranquilo, sino que sepas dónde te despiertas, quién eres y lo que haces ahí. El futuro de una carrera de Humanidades reside en la formación de personas. Es nuestra responsabilidad. Para un futuro de robots ya están otras carreras, que además lo hacen muy bien y que nos ayudan continuamente en nuestros quehaceres. Un PC es fantástico para escribir, que yo tuve que escribir mis trabajos en la carrera sin él y era un fastidio (una vez conoces esta tecnología). Imagino la alegría de quienes se desplazaban a pie y se pudieron montar en un coche. Esa tecnología sirve para que los resultados de las Humanidades puedan llegar más fácilmente a todos, que son los contenidos que dan la felicidad; o el desasosiego. Mis alumnos saben que les insisto en que deben creer en lo que hacen, pues es muy muy importante.

- Aunque estas dedicado a la investigación de la Edad Media, estos últimos años también te has volcado en otro campo muy actual, los videojuegos. Es realmente curioso que un profesor de Historia haya optado por enlazar ambas vías, ¿en qué momento comenzaste a interesarte por los videojuegos? Cuéntanos brevemente tu biografía videojueguil.

Allá por los primeros años de la década de los 80… No es broma. A mí no me compraban “chismes”, y miraba las consolas Atari y Commodore con ojos “golosos”. Y para qué contar cuando un compañero de piso (ya estaba yo en la Universidad) se trajo al piso donde compartíamos estudios y frigorífico un Spectrum. Yo jugaba entonces en casa de un familiar, pero lo que veía era la posibilidad de que alguien pudiese llevar a la pantalla de mi televisor una partida de Risk o de los distintos wargames que por entonces me traían de cabeza. 

Castles II
Recuerdo que mi primer PC me lo compré con un dinero prestado por mi hermano (por entonces las cosas en casa no iban del todo bien), y así escribí mi Tesis de Licenciatura en otoño de 1989. Como me dieron la beca de investigación en enero de 1990, le pude devolver en cómodos plazos el dinero a mi hermano y tras ponerle el consabido procesador de textos al “bicho”, lo siguiente que cayó en aquel disco duro de 20 Mb fue un simulador de submarino americano tipo Gato. Y ahí ya no hubo pausa. Bueno, sí, en la fase final de redacción de mi tesis doctoral. El año antes había salido un título, Castles II, que supuso mi primer toque de atención de que el juego no estaba reñido con el aprendizaje. El tiempo me ha dicho que es lo mismo. Trabajar en la Universidad desde entonces y tener la plaza de profesor Titular desde 1996 me sirvió para poder comprar títulos originales y actualizar el hardware de forma conveniente. Me hice coleccionista de videojuegos, y esto lo vieron y vivieron mis hijos desde muy pequeños. Así que ellos han sido los grandes “perjudicados” o “beneficiados”. Son grandes y muy buenos gamers; de hecho me han acompañado siempre a las ferias de videojuegos en Madrid. 

Caesar II
Pero me preguntabas dónde comenzó ese cruce entre el historiador y el videojugador. Hasta hace unos años eran ámbitos diferentes, como lo era mi afición por el modelismo o cualquier tipo de lectura. Recuerdo las horas y horas de tiempo libre que le dediqué a juegos como Caesar II y todo tipo de simuladores de vuelo y submarinos que caían en mis manos. Si Faraon o Caesar supusieron un antes y un después, o Combat Flight Simulator, recuerdo ver las primeras imágenes de Age of Empires II que se iba a comercializar prontito en una revista especializada (ahora no recuerdo cuál). Allí estaba yo el primero para comprármelo. Y ahí sí que le eché horas… Después salieron los Stronghold, el primer Total War (el Shogum)… mi cara cuando anunciaron el Medieval Total War… Pero fue a partir de 2008 cuando comencé a pensar el impacto que estos productos podían tener en los futuros historiadores, e igual de interesante, en el usuario medio en general que su acercamiento al pasado iba a ser el videojuego, y no solo el estudio (casi siempre obligado), la novela histórica o el cine y televisión. Los avances gráficos eran ya brutales, y a esas alturas el videojuego era ya un medio más que general. Ese año les hice a mis alumnos de 4º de Licenciatura de Historia un seminario que llamé de forma temeraria “Historia y videojuegos”, para contarles mis experiencias y todo lo que estaba viendo y viviendo. Un amigo de siempre (de cuando éramos becarios), el Dr. Enrique Soria Mesa, Catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Córdoba, y también jugador en su día (hace tiempo que no), me invitó a dar la primera charla allí. Ese cartel lo tengo enmarcado en mi despacho de la facultad. De ahí a que la Biblioteca General de la Región de Murcia me encargase un curso específico, que me permitió entrar en contacto con empresas del ramo (FX y la por entonces revista MarcaPlayer, hoy IGN España), hubo un paso. Comencé a escribir sobre el asunto y a publicarlo en revistas de Historia Medieval (Imago Temporis), y mi puesta de largo fue en un seminario internacional que se realizó en Alicante organizado por un proyecto de investigación sobre Órdenes Militares de la Universidad Autónoma de Madrid. Me invitaron para que presentase un trabajo sobre cómo aparecían estas instituciones y el fenómeno de las Cruzadas en los videojuegos. Imagina lo que disfruté. De ahí salió un artículo que titulé “Cruzadas, cruzados yvideojuegos”. Pues todo esto es para contar la razón de “mi puesta de largo”. La noche antes cenaba con el maestro José Ángel García de Cortázar (qué decir del maestro, con mayúscula) y me preguntó qué trabajo llevaba al seminario. Cuando se lo dije casi se cae de la silla. Si él no se cayó (tampoco se calló), pensé que el resto iba a ser difícil pero llevadero.

Y bueno, hasta hoy, incluida la dirección de un proyecto de investigación titulado “Historia y videojuegos: el impacto de los nuevos medios de ocio sobreel conocimiento del pasado medieval”, concedido por el Ministerio de Economía y Competitividad, que me ha permitido profundizar y asentar esta línea de investigación.

- Como sabrás muy bien, los videojuegos siempre han sido acusados de llevar a los niños a una especie de mundo paralelo de violencia-ludopatía que hace que los niños acaben cometiendo atrocidades o simplemente saltándose las clases. Sin embargo, no se acusa a los niños y niñas por leer demasiado o consumir mucho cine, ¿qué opinas al respecto? y, en definitiva, ¿se puede realmente enseñar con el videojuego?

En una etapa de la Edad Media, se acusaba en algunas zonas a los judíos de comerse a los niños por la noche. Los linchamientos generales se han debido en todo momento y sobre todo al desconocimiento de la realidad. El juego es una actividad violenta según se mire: puede darse el caso de que el mismo que acusa de generar violencia gratuita en un videojuego (que ojo, los hay) pueda ser el mismo que defiende a capa y espada (por hacer un fácil juego de palabras) al ajedrez, donde todos sabemos que el fin es cometer un regicidio, y donde la muerte de peones está contemplada como un medio para conseguir el fin, que es ganar. De pequeño nos íbamos a jugar a la calle al fútbol, a partirnos las piernas, a tirarnos piedras con los del barrio vecino, y eso que yo vivía en una ciudad media-pequeña. Supongo que en el campo no apedreaban al vecino, sino que la naturaleza en la que vivían era cualquier cosa menos bucólica. Y ahí lo dejo.
Pack "caballero medieval"
El chaval que se salta la clase siempre va a existir. El que es un cafre, pues lo va a ser siempre. ¿Se aprende a ser malvado en los videojuegos? Claro; y en el cine. Y en la literatura infantil: que no olvide nadie que al lobo lo rajan de arriba abajo cada vez que puede el cuento. Por no hablar de Blancanieves que lo pasa francamente mal. El videojuego es un medio de ocio, y deja de serlo cuando pasa el umbral de arte, de cultura o de significación, como una canción, un libro o una película. No se suele acusar a los chavales de ver demasiado cine porque es quien debe hacer la reprimenda el que se desenvuelve en un medio que considera propio. El videojuego en cambio no. No lo conoce, es ajeno a su generación (o se le escapa a su lenguaje), y claro, lo desconocido le causará temor. Ahora no se les regala a los niños juguetes bélicos (un tanque o un avión de combate), y en cambio se les obsequia con escudos, arcos y espadas que los padres compran en los cada vez más abundantes “mercados medievales” itinerantes. La espada mataba, señores. Y el yelmo, además de llevarlo el príncipe azul o blanco (negro en mi faceta de medievalista), tenía un uso bélico. Esa esquizofrenia va a permanecer mucho tiempo. 

Hay que jugar, hay que pasear, hay que ir al cine, a oír conferencias, a estudiar, comer con moderación, dormir lo sensato… Se trata de utilizar la cabeza para más cosas que la de llevar gorra.

- Precisamente la Edad Media ha sido uno de los contextos más habituales en los "mundos y universos" creados por los videojuegos como podemos observar en casos como Assasins Creed's, The Witcher o tantos otros, ¿cómo ves este panorama?, ¿es mejorable o ya se ha llegado a un nivel más que aceptable?

Por ahí dejé escrito que las razones por las que la Edad Media es el periodo que más aceptación tiene son diversas pero incontestables. Pero ahora creo que la disparidad de criterios hace que cada uno tengamos preferencias por unas épocas o por otras. Sí que es cierto que el concepto que tenemos de Edad Media permite que generemos y que esperemos, en cierto modo, desenvolvernos en un momento donde lo mejor de lo que encarnaba el periodo medieval (leamos el discurso generado por el movimiento romántico del XIX) esté a nuestro alcance. 

Escena de "Ocarina of Time" en la que el protagonista se enfrenta al Jefe Final
Ser un caballero al rescate de la dama no es nuevo. La victoria sobre el Jefe Final no es inédito. Pensemos en los libros de caballerías, en la extensa literatura que guarda nuestro romancero… Es que el propio Cervantes imaginó a un Alonso Quijano encarnando, una vez perdido el “buen seso”, esos valores que eran los mismos a los que se enfrentaba Dirk el Atrevido en Dragon’s Lair, y la diferencia entre Dulcinea y Daphne (dispuestas en el plano más superficial y simple) es muy poca. Pero además de eso, el periodo medieval es el origen real de buena parte de nuestra civilización (por eso también atrae mucho el ámbito clásico romano). Tenemos insertos en nuestro pensamiento lo que era y lo que hacía un caballero; tenemos en la cabeza lo que era un mercado medieval y de lo que iba la Reconquista y las Cruzadas. Otra cosa es que eso que tenemos y que se nos ha dicho sea veraz. Y ahí es donde creo que va a mejorar el desarrollo de los videojuegos ubicados en el ámbito de “lo medieval”: lo auténtico, o lo fantástico, cada uno por su lado, van a encontrar un proceso de crecimiento que la sociedad que lo demanda, lo va a exigir a su ritmo. La tecnología es seguro que estará a la altura de esto. Esa es la innovación, ¿no?

- Eres el webmaster y principal investigador del proyecto Historia y Videojuegos, financiado por el Ministerio de Economía, ¿cómo surgió dicho proyecto, cuáles son sus objetivos y que tienes pensado para su futuro?

Ya te he contestado algo en una pregunta anterior. Pues me voy a permitir abundar en el asunto. Los objetivos fundamentales se corresponden con los que cualquier panorama nuevo exige a quien analiza: nuevos parámetros de estudio, nuevos resultados, ver qué caminos se están generando y cómo están incidiendo entre los futuros historiadores. El videojuego, insisto, ha llegado para quedarse. Y si hace unas décadas los alumnos de Primer curso en la por entonces Licenciatura de Historia se animaban a entrar en las aulas de las facultades de Letras (independientemente de cómo se llamen en cada sitio), para convertirse en nuevos Indiana Jones, ahora no es extraño encontrar a un gran número de estudiantes que no se esconden ni se arredran a la hora de que sus pinitos en el conocimiento histórico fueron a través de videojuegos. Esto había que estudiarlo bien, y con garantías. Pero no desde la perspectiva que tiene si acaso más tradición, y es la de las Ciencias de la Educación (si son buenos para enseñar o aprender), sino la mirada desde la profesión del historiador. El reflejo que buena parte de la sociedad futura, esas generaciones nuevas (los nativos digitales o generaciones multimedia), tendrán del pasado, van a ser forjadas en lo que vean, oigan o sientan delante de un videojuego: en una palabra, de su experiencia de juego. 

Esto no es nuevo: cuántas generaciones se han formado una imagen de la Edad Media por lo que vieron en las pantallas de cine. Y ojo, sabemos que no se correspondían con la realidad de lo que pasó. Sin embargo, al final y por la propia consideración del cine como un producto cultural por parte de los docentes, se asume como algo indicador y visión del pasado y no como pervertidor del mismo. Esto se resolverá cuando los docentes sean quienes han sido usuarios habituales del videojuego. 

El proyecto está siendo muy útil para dar este paso: la consideración de que lo que hacemos es interesante, que lo realizamos de manera seria y sin artificios, debe sus cimientos a la existencia del proyecto de investigación. Sobra decir que todo lo que estamos haciendo nos lo permite el proyecto, pues sin él, ni cursos de posgrado, ni talleres de investigación ni nada de nada. Solo el particular interés y la ilusión en alguna actividad aislada; pero sin proyección alguna más de lo que hubiéramos podido difundir en nuestros entornos más inmediatos. Así que muy contentos. Y nuestra ilusión no se acaba aquí. En diciembre de 2015 se acaba la concesión del proyecto, y ya hemos solicitado la renovación del proyecto al Ministerio (rellenar la solicitud fue más sencillo, pues partíamos de “algo” y no como en 2010) aunque con la mirada puesta en la totalidad del pasado histórico, y no solo en el periodo medieval. Creemos que en breve contestarán. Ya veremos. Y si nos dicen que “no”, pues siempre hay cosas para poder hacer, aunque de forma más sencilla y comedida.

- Cambiando, ligeramente, de tercio y teniendo en cuenta que es tu profesión principal, ¿cómo observas el, tan recurrente, ámbito de la educación actual?, ¿es fallido? y, de ser así, ¿qué podemos hacer realmente para mejorarlo?, ¿está siendo Internet y la sobresaturación de información un problema?

Estoy terminando de escribir un artículo que he titulado “Del profesor al maestro: necesidades nuevas y cuestiones permanentes para explicar Historia Medieval”. Podría ser aplicable perfectamente a otra disciplina, pero he preferido restringir mi ámbito de “acción” a mi especialidad. Repito: siempre digo que no existen los medievalistas ni los modernistas, sino los buenos y los malos historiadores. No hay otra. Las Áreas se inventaron para que algunos nos hiciéramos catedráticos (yo estoy en camino). Bueno, pues en el artículo lo que vengo a decir es que el “profesor” está tocado de muerte, surgido al amparo del sistema docente generado en la Revolución Industrial, donde el manual y el libro es fundamental. Ahora, con los cambios brutales que se dan en la sociedad, es preciso buscar un nuevo modelo. Planteo la recuperación de uno ya existente, el del MAESTRO, con mayúsculas. Las personas tenemos la posibilidad de conseguir fácilmente información. El problema es procesarla, y precisamos guía. Ese es el papel del nuevo docente: no son solo conocimientos, sino valores, directrices, ejemplos, referentes claros, comunicación, formación permanente pero de verdad, no solo vale con ir a firmar un cursillo… Y no es fácil, pero es el futuro. Y me lo creo de verdad. Por cierto; hago lo que puedo. Ya veremos si me equivoco o no. Si acierto, me alegro. Y si no, no existe el fracaso. Yo, como el ejército español: no retrocedo, doy la vuelta y sigo avanzando. Ja, ja, ja… Y claro, el humor es básico para todo esto.


- En algunas de nuestras conversaciones has mencionado que un historiador no debe de enseñar únicamente una historia política o centrarse en batallas, debe de enseñar lo que es realmente importante y por qué lo es, pero, ¿cómo discernir que es lo realmente importante a la hora de enseñar?

Es la clave del conocimiento. Si no lo sabes explicar, es que no lo sabes. Pues esto igual: si vas describiendo árboles por aquí, árboles por allá, ardillas por más allá… y el que te escucha quiere saber la palabra “bosque”, y no se la das, pues mirará para otro lado. Se aburrirá. Buscará la solución en otro lado. Los datos son básicos para apuntalar el conocimiento, pero la labor de análisis es lo que te dará y señalará la importancia de todo. 

En la ciencia y en la vida. Hay que enseñar también lo importante de la vida y no quedarse en cuestiones absurdas. Eso lo aprendes con los años, las cosas como son. Y como nadie escarmienta en carne ajena, pues seguimos cayendo en los mismos errores generación tras generación. Uy, qué filosófico me he puesto. Pero es la verdad. Y la conciencia de saber qué cosas son las importantes, son las que te hacen disfrutar de las cosas pequeñas. Por eso sigo jugando.

- Como historiador y ciudadano de una época y contexto determinado (cuanto nos gustan estos términos a los historiadores) te voy a pedir que te mojes un poco. En un periodo en el que parece que la crisis azota tanto lo económico como lo social y donde la precariedad económica y la inestabilidad parece salpicarnos, ¿cuál es realmente tu perspectiva del momento actual?, ¿hay luz al final del túnel?

Por supuesto que sí. Cuando dije en mi casa que quería estudiar Historia (asco me doy pero yo era un buen alumno en el instituto), a mi padre le iba a dar un ataque: pretendía que hiciese Derecho. Cuando terminé la carrera: a ver qué iba a hacer ahora con mi vida, y entonces me dieron una beca de investigación. Cuando leí la tesis, en plena crisis del 93, a ver qué iba a hacer entonces. Y saqué una plaza de ayudante. Y en pleno reajuste del 95, salió la plaza de profesor Titular. Y aquí estoy. Soy optimista siempre (y razones tengo para ser pesimista todos los días). Pero no me da la gana de rendirme. Jamás, jamás, jamás. 

Las palabras no son mías, pero las adopté hace tiempo. Ahora parece que es un drama “salir al extranjero”. Cuando yo me voy al extranjero, en ocasiones a estar algún tiempo con la profesión, pues no me da “algo”. Y me voy, porque si quiero progresar en mi profesión, es lo que toca. Y luego vuelvo. Mis padres siempre pretendieron que no saliese de Lorca, y parece que estar en Murcia es estar en el Polo Norte (en verano no). Si en vez de Murcia hubiera sido otro sitio más lejano, tampoco hubiera pasado nada. Otra cosa diferente es querer vivir donde no hay comida. Eso es de insensatos, y lo tenían claro en el Paleolítico inferior. Lo espectacular es que el mundo se ha hecho tan pequeñito que la solidaridad es real y permite que no se abandonen territorios y ciudades hoy, que en otros momentos de la historia sí que se hubieran abandonado. Y pensar que hoy estamos muy mal…, solo hay que viajar. Como me dicen mis colegas argentinos, nosotros no sabemos lo que es estar en crisis. Ese es mi discurso, y me lo aplico. Y si no le vale, pues es cuestión de ponerse a remar y vivir, como Ben-Hur. Pero abandonar… jamás. Por cierto, hablando de Argentina. Allí participo de forma activa con la Universidad Nacional de Mar del Plata, en otro proyecto titulado Play & Level, con tintes y objetivos similares aunque más vinculado a fines docentes y educativos.

- Termino, como no, pidiéndote que nos hagas una pequeña lista con tus tres libros favoritos (de ficción y no ficción), cine/series y videojuegos. 

Libros… si me tuviera que ir a la isla desierta con tres libros porque me destierran, creo que me llevaban sin ninguno, porque al no saber cuáles escoger, pensarían que les estaría tomando el pelo. Pero venga, me tiro a la piscina. Me encantó un libro (que son siete), y que creo que es la mejor novela histórica: Los reyes malditos, de Maurice Druon. Si quieres aprender historia medieval, ahí tienes. Sí, por delante de Los pilares de la Tierra, un libro excepcional. 

Otro diferente: Stalingrado, de Anthony Beevor. Cuando lo terminas, aprendes humanidad; por cierto, y como es el mismo “contexto”, lo menciono aquí: hay que ver La Cruz de Hierro, de Sam Peckinpah (espectaculares James Mason, James Coburn y Maximilian Schell). La guerra como es: lo miserable de la condición humana en esencia. Y el tercer libro… el de familia: mi mujer y mis dos hijos.

Tres películas: Ben-Hur. Sin dudarlo. Qué bello es vivir, todas las Navidades por tradición. Y Das Boot, el Submarino, de Petersen. Pero me faltan muchas. Y todas las que me hagan reír: sin excepción.

Y tres series de televisión. Juego de Tronos, Mad Men, Curro Jiménez, Vikingos, Borgen… pero como en el resto, no sabría qué decir, porque soy un fanático de The Big Bang Theory, me enganchó The Good Wife, Scandal, Yo Claudio… ¡que se me olvidaba Yo Claudio!, Roma, que se me olvidaba también, madre mía, que se me han pasado Band of Brother y The Pacific, Manhattan… anda…, y no he dicho en las películas Cartas desde Iwojima… Y los Indiana Jones…Ya paro. ¿Cuándo las veo? Mientras escribo, leo… soy multitarea.

Y los tres videojuegos: aunque parezca que no, tengo más claras mis preferencias. Cualquiera de la saga Total War, pero cualquiera. Silent Hunter 5 (y con él todos los simuladores), y soy muy esperable pero todos los Assassin’s Creed. Y ojo, que todo esto comenzó cuando jugaba en 1992 a Castles II y estaba en la tienda para comprarme el Age of Empires II en marzo de 1999.

Resumo: espero no perder nunca la curiosidad ni el interés por las personas. Por eso desvarío a la hora de acotar mis preferencias en libros, películas, videojuegos… Me cuesta muchísimo.

Entrevista realizada por Juan José Martínez Fernández


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