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martes, 10 de marzo de 2015

La declaración de neutralidad y posteriormente de “no beligerancia” de la España franquista en la segunda guerra mundial no responde en absoluto a un solo motivo. Únicamente puede ser explicada por el complejo juego diplomático y los intereses militares de una Europa que iniciaba en 1936 el camino hacia la destrucción mutua. En 1936 se inicia la Guerra Civil española que enfrenta al ejército republicano del Frente Popular contra la facción liderada por los militares sublevados en África. 

En este contexto ya comienza a plantearse una interferencia de las potencias europeas, extrapolando al suelo español la tensión internacional previa al estallido de la segunda gran guerra. El conflicto español se internacionaliza inevitablemente, toda vez que los que serán los futuros contendientes de la Segunda Guerra Mundial bien decidieron exportar equipamiento y tropas a uno y otro bando contendientes para valorar su potencial militar de cara a la futura Guerra o bien optaron por la política de “no intervención” (caso de Francia y Gran Bretaña) dejando que fuera la propia España la que llegara a una solución.




En esta primera aproximación al tema vemos como en el momento previo a la Segunda Guerra Mundial confluyen en España intereses y solidaridades propias de uno y otro bando. En 1939, la victoria del ejército franquista abrirá no solo una nueva etapa en la historia de España, marcada por los presupuestos de una dictadura militar y una cruda represión contra la recién vencida “anti-España”, sino que se produce un inicial acercamiento a la Alemania de Hitler, evidentemente por afinidad política con las potencias de Eje. El 23 de octubre de 1940 Franco y Hitler acompañados de sus respectivos ministros de Asuntos Exteriores (Ramón Serrano Suñer y Joachim von Ribbentrop) se reúnen en Hendaya. Es en este pequeño paraje de la frontera francesa donde se decidirá el futuro de España en el contexto de la Guerra  internacional entrenada apenas un año antes, con la invasión militar de Polonia.  

En este contexto llegamos al punto clave del debate histórico que pretendemos suscitar con esta entrada ¿Qué se elementos se barajaban a la hora de decidir o no el papel de España en la Segunda Guerra Mundial? ¿Debía España posicionarse del lado de aquellos a los que era tan afín? Y en caso afirmativo ¿Estaba en condiciones de aportar tropas, recursos y poner en marcha la industria después de tres años de Guerra Civil?. España tenía la ventaja de que contaba con un ejército experimentado y organizado, con una gran experiencia militar. Sin embargo, Franco se encontraba con las dificultades que ofrece un país devastado por una guerra civil y con la “necesidad” primordial de poner en marcha todo un aparato represivo destinado a eliminar a  los integrantes y colaboradores del bando republicano así como a los simpatizantes de cualquier tipo de política izquierdista. 



En definitiva, para el gobierno Español era un asunto de primer orden consolidar su poder en el interior de la recién ganada España y eliminar cualquier foco de resistencia que pudiera en un futuro contestar aquel gobierno, defensor de la Iglesia y restaurador de la España Una, Grande y Libredegenerada y pervertida desde 1931. Franco solo aceptaría entrar en el conflicto internacional si las ventajas que podía obtener eran mayores a los inconvenientes de movilizar de nuevo a la nación hacia otra guerra, Por este motivo, elevó una serie de peticiones al führer en contraprestación a su colaboración militar del lado del Eje: Franco reclamaría en primer lugar la colonia británica de Gibraltar, además de la entrega de los territorios de Orán, Marruecos y Guinea, tres partes integrantes del imperio colonial francés. Por último, aunque de un modo más hipotético, sugirió la posibilidad de entregar a los españoles también el Rosellón francés. ¿Fueron excesivas las solicitudes del gobernante español a Hitler? 

Para muchos historiadores, existe la posibilidad de que precisamente estas reclamaciones tan ambiciosas respondían en realidad a un deseo encubierto por parte del dirigente español de no intervenir en el conflicto, en previsión de que Hitler no estaría dispuesto a aceptarlas en ningún caso por ser tan ambiciosas. También existe una discusión sobre hasta qué punto pudo influir en la toma de esta controvertida decisión la información secreta que le pasó Wilhelm Canaris (almirante y jefe de inteligencia de la Marina Imperial y el ejército alemán durante el régimen nazi) a Franco, llegándole a asegurar (en una fecha tan temprana) que Alemania no ganaría la Guerra. Si Wilhem era un visionario o si albergaba otras intenciones comunicando esta información al menudo general Español no podemos saberlo, el caso es que el führer se sentía con fuerzas para ganar la Guerra y adoptó en consonancia, una posición de fuerza en la negociación con el general. Reclamó por su parte la cesión de una de las Islas Canarias, además de una base naval en Mogador o Agadir y, al parecer añadió a sus peticiones la isla de Fernando Póo. 

Las negociaciones estaban ascendiendo tanto que amenazaban con interferir en el espacio aéreo de la Luftwaffe. Alemania valoró en qué medida la intervención de España podía contribuir a la causa de las potencias del Eje y dictaminó que, aunque efectivamente toda colaboración hubiese sido beneficiosa, la participación de España no sería decisiva y en ningún caso imprescindible. Hitler optó por abandonar las presiones sobre España porque asuntos de mayor importancia reclamaban urgentemente su atención: preparar la Operación León Marino y la Operación Barbarroja. Además ¿Cuál era el límite de la expansión del III Reich? Hitler consideraba que el lebensraum alemán se encontraba en Europa centro-oriental y no en el Mediterráneo o el Norte de África. España y Alemania tenían otras prioridades antes que llegar a un acuerdo de ayuda mutua y en estos términos la solución final dada en Hendaya fue la posición de neutralidad para España. Una neutralidad oficial, que sin embargo, no logró eclipsar la simpatía que existía con el Reich y, especialmente con su cruzada anticomunista en Rusia. 



A pesar de su declarada no beligerancia, Franco aportó un cuerpo de voluntarios: la División Azul, que se sumó a las operaciones militares alemanas en el frente ruso, participado en el asedio de Leningrado. Hendaya no había obtenido más compromiso por parte de España que el envío de aquel cuerpo de españoles que se contribuirían con su vida a la metástasis del Reich. Quizá Hitler no esperaba obtener mucho más de España. Quizá Franco lo consideró un pago asequible, a la ayuda militar antaño prestada a la causa de los sublevados (Cóndor).

Podemos concluir que si bien España no intervino directamente en la Segunda Guerra Mundial sí que existió cierto grado de simpatía y colaboración con las potencias del Eje debido a la afinidad de los distintos regímenes. Dicha colaboración se basó fundamentalmente bien en no mostrar oposición o bien directamente facilitar en la medida de lo posible el que pudieran realizarse con normalidad las operaciones militares del Eje en Europa. La neutralidad debía implicar necesariamente una actitud distante, el mantenerse al margen de una guerra que comenzó siendo europea pero que había trascendido a África, al otro lado del Átlántico, al Pacífico, a los cielos y al mar. En estos términos ya puede intuirse que la neutralidad en su sentido estricto, no hubiera podido lograrse a no ser que España hubiera logrado embarcarse en el Apolo 11 con treinta años de antelación: Imposible. 



Existen grupos de españoles republicanos exiliados en Francia que son reclutados por el gobierno francés y enviados a la línea Maginot, capturados  por los alemanes y deportados a campos de concentración (Mauthausen) con el conocimiento del máximo dirigente Español: Franco vencía sobre a aquellos españoles republicanos a los que no pudo capturar en España. En el frente oriental, setenta españoles exiliados murieron en el cerco de Stalingrado a manos de los alemanes pero también a manos de otros españoles, contra los que habían luchado años atrás en la “guerra de España”, en su guerra y que ahora abrazaban las consignas del führer en una tierra muy distinta a la del valle del Ebro, Andalucía o Madrid.


¿Neutralidad? No lo creo.





































Escrito por Marina Rodríguez

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